LE BAL DES CHIENS

bras de fer1

Vomitar el sonido, vomitar la imagen, vomitar…
La «ex-presión» bruta, poner a fuera la presión, devolver lo que no se puede quedar a dentro. Lo que mi ser se niega a asimilar.


Ponerme de rodillas, encontrar un sitio de esclava consentida en esta estructura del absurdo no me ha interesado nunca.
Entonces, porque no era capaz de encontrar un sentido a todo eso, podía solamente revelar la violencia mortal que me inspiró mi historia, mi cultura… su cinismo, su angustia, su estúpido y malicioso humor, la muerte sin nada detrás… el vacío…
Y puesto que nada tiene sentido, lo que me molesta me da risa. Me río de la angustia que me da una idea, una situación. Empujar siempre más lejos el horrible para ver si también todavía no tiene sentido. Llegar a lo que queda en mí de potencialidad choqueable, llegar a lo que permanece en mí suficiente vivo para poder todavía sentir algo aunque sea con repugnancia y horror, porque aunque es perturbadora una sensación por lo menos es una sensación.


En un mundo donde nada tiene sentido ¿por qué el arte tendría uno? La palabra sí mismo no tiene más sentido. ¿Qué es el arte? ¿Qué es un artista? A menudo el arte es lo que no se usa para nada excepto para dar más dinero a unas personas ya ricas. “El artista” cuando él o ella no es un parásito perezoso, es frecuentemente un pretencioso que hace cosas solamente comprensibles por sí mismo cuya única finalidad es engordar su ego.
Y entonces un día, un hallazgo se impone a mi vista: cada acto es político, cada imagen, cada objeto, sonido, pensamiento… dice algo, nos cuenta una historia.
Es un reflejo de cómo me veo, cómo considero al otro y a mi entorno, es decir, cómo me defino y me posiciono como individuo en el mundo que me rodea.
Tengo un poder: el de mirar y entender lo que mis acciones cuentan de lo que soy, de lo que creo. Y esta es la oportunidad para darme cuenta que a veces lo que digo con mi boca y mi cabeza no es lo que digo con mis manos y mi cuerpo: allí donde me pensaba libre me veo cubierta en cadenas; Pensaba amar, ayudar o respetar a alguien o algo aunque estoy aplastándolo bajo el peso de la codicia, de la esperanza de un reconocimiento, o de un amor que no soy aún capaz de disfrutar adecuadamente.
Aprendo a leerme.
Siempre creé por necesidad, por el requerido de poner hacia fuera lo que me Presiona. Lo que fluye en estos momentos no se sabe de antemano. Observar lo que salió me permite poco a poco tomar conciencia de lo que me anima. Y no siempre es obvio para ver o admitir.
Porque un sentido comienza a surgir, voy de vomitar/destruir a vomitar y leer. Así la observación de lo que soy o hago como de lo que creo se convierte en una manera para mí de saber a dónde estoy: lo qué avanza como lo qué bloquea.
Leo lo que dibujan o hacen mis manos como se podrían leer las cartas de un Tarot.
“Le bal des chiens” o “El baile de los perros” es lo que no he conseguido a transmutar, es los ojos todavía abiertos en la magnética y cegadora desilusión, la PUTAVIDA. Pero es también este largo período en el cual aprendo a leerme, donde poco a poco me devuelvo mi vida, mi historia y si no puedo tener un poder en el mundo exterior, aprendo que puedo tener uno, siquiera mínimamente, en mí mismo.

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